martes, 12 de mayo de 2020

Varias flores, un mismo ramo.


Con agradecimiento, para María Clara A.

Flor 1.
El humano es la especie que sabe que observa.
Reconoce un entorno. Se reconoce. 
Pero a la vez sabe que ignora muchos aspectos de ese entorno, y de sí mismo.
Sabemos que las especies participan en la conservación de la vida y de los propios ecosistemas. Que sin abejas no habrían frutas, por ejemplo. Este es el llamado papel ecológico de las especies.

Flor 2.
En una conversación vía Instagram surgió la duda: ¿por qué los seres humanos nos sentimos superiores si somos un mamífero no solo inservible, sino además nocivo para todos los ecosistemas?
Los demás mamíferos tampoco parecieran participar tanto como los seres productores; somos consumidores secundarios, de cuya acción dependen los consumidores terciarios.  La diferencia es que ningún otro mamífero además del humano ha rasgado la capa de ozono, ni ha secado ríos, ni ha destruído la naturaleza poniéndose en riesgo a sí mismo y a todo su entorno. Ningún otro mamífero pareciera ser tan suicida como el humano.

Flor 3.
Los seres vivos crean anticuerpos, elaboran sistemas de defensas. Evolucionan a partir de las enfermedades que los han acosado.
El planeta tierra es un ser vivo. Un gran cuerpo.
Así:
Creo que la Tierra nos ha creado.
Y lo ha hecho para defenderla de amenazas del pasado.  Amenazas de las cuales no puede salvarla ninguna otra especie.
Recordemos: el humano es la especie que observa y que sabe que observa: el humano es la especie que la misma Tierra ha creado para que la cuide. Para que preserve la Vida. Para que no la vuelva a golpear ningún meteorito.

Flor 4.
El Universo sigue en éxtasis. Jamás ha dejado de estar siendo.

Flor 5.
El hombre siempre ha mirado a las estrellas. Si recordamos nuestra niñez, nos recordaremos mirando al cielo, o percibiendo de alguna manera el entorno natural; el calor húmedo, el frío entrando por la ventanilla, el miedo ante el bosque oscuro.

Flor 6.
Empezamos a ser conscientes de esto. Nos avergüenza ser animales y nos separamos. Esta separación es únicamente reversible mediante alteraciones del sistema nervioso. Confundimos estar separados con estar en oposición. 
Y no: mentalmente nos sentimos "separados" de la naturaleza pero no para oponernos o someterla: sino para cuidarla, respetar su diversidad y procurar comprenderla con el paso de los siglos.

Flor 7.
Y creo que esa es la función del ser humano. Cuidar y preservar la Vida de la tierra, no porque sea un recurso o para valerse de ella o para explotarla en busca de la incesante y banal satisfacción de sus antojos, sino por sí misma, sin querer darle un sentido ulterior, sino, insisto, por sí misma, porque, la vida, es un misterio que nos contiene.

Flor 8.
Creo que esta es la función del humano como especie, mas no el sentido de la vida de cada uno de nosotros. El sentido es una construcción de distinto orden.
Tal vez, tener la certeza de una función nos tranquilice, y sirva además para hacerle contrapeso a la caníbal e intranquila idea del capitalismo: esa que propone que el sentido de la vida, palabras más - palabras menos, eufemismos más - eufemismos menos, consiste en sacar la plata del bolsillo del otro para ponerla en el propio.
Sí: es más sensato creer y confiar que fuimos creados por la Tierra para preservar la vida.  

domingo, 26 de abril de 2020

Dos reflexiones


1. Amar la vida más que a sí mismo. O mejor, más que a la limitada idea que tenemos de nosotros mismos. A veces, solo somos capaces, tenemos el aliento, de amar la vida si podemos ser y hacer lo que preferimos (tal vez lo que aprendimos a preferir). Nuestro ego es la condición que le imponemos a la vida para amarla. La cuarentena, la enfermedad, y demás situaciones tensas, nos exigen cruzar el umbral de la personalidad, de nuestros hábitos y costumbres. Nos exige que dejemos de adorarnos, que dejemos de sentirnos Dios. 

2. Hay parecidos que pesan. Que estorban. Y más cuando hay admiración de por medio. En un punto de mi vida que me dijeran que me parecía a Martín de Francisco era nada menos que un halago. No es que hoy sea una ofensa, pero tampoco es que me interese o me agrade que resalten mi parecido con alguien más. De hecho, esta tendencia de buscar parecidos es algo que he venido corrigiendo en mí, porque lo siento propio de una cultura que basa su entendimiento en comparaciones; de ahí expresiones estériles de tipo: "esta cuarentena es como una guerra". De este modo, me parece, la desesperada necesidad de entender o comprender lleva a la comparación, al establecimiento de símiles, y a veces no solo para generar clasificaciones de apariencias, también de conductas. Así, todo hombre de pelo largo "ha de ser" rockero, y si además del pelo largo, es joven y lleva gafas, pues -por supuesto- es un Andrés Caicedo (y este último parecido se hace radical cuando se enteran del gusto de uno por escribir).
Y esto no ha dejado de serme paralizante y molesto, sobre todo teniendo en cuenta la importancia que le doy a las apariencias (y es que, ¿qué de superfluo tienen las apariencias? ¿Puede funcionar el idioma sin la apariencia de las letras, de la caligrafía?).  Que el pelo corto, que el pelo largo, que el uso de blazer, que si la chaqueta de cuero. Y fue así, obsesiva, patéticamente así, hasta cuando me crucé con mi reflejo llevando todos esos pensares. Me vi en el espejo y sentí horror: el paso arrastrado, curvada la espalda, con el ceño fruncido, la cadera echada para adelante, los brazos débiles y delgados. Ahí no había lugar ni para parecidos ni era necesario que me preguntara por vestidos. Era una cuestión anatómica y metafísica.  Más que tratarse de un corte o de ropa, es la postura lo que determina la presencia; una postura frente, ante y en la vida. Y no es que sea solo "pararse derecho": se trata de consciencia del propio cuerpo. Y no del cuerpo en cuanto organismo, sino del cuerpo en cuanto a esa apropiación del sujeto sobre su organismo. Somos y funcionamos como un sistema: una mala postura puede no distar de un dolor de garganta. Estirar las piernas podría ayudarnos a superar el mal ánimo.
Mente y cuerpo: fruto y raíz: dos momentos distintos del mismo ser.    

martes, 14 de abril de 2020

Acerca del final de Lost in Translation.


La frase final de la película es ininteligible  (pero de mejor gusto que la palabra “ininteligible”). Debía ser así porque es una frase pronunciada al oído, durante un fuerte, cariñoso y urgido abrazo, y porque es una frase que sólo merecía escuchar una sola persona. Es emoción. Humanidad. Es un gesto honesto, indómito, inasible; nacido de las impresiones propias de un instante y no de esa perversa y apasionante abstracción llamada guion. Tratándose de cine, representa en sí una forma de truco mágico, paradójico y provocador: nos revela a los espectadores que durante más de una hora y media hemos sido parte de ese morbo incesante, de esa horda de acosadores ojos que no dejan en paz a los protagonistas; de esa fastidiosa ansiedad, tal vez derivada de los otros films románticos, que nos somete y nos hace desear desde el principio una consumación apasionada entre ellos dos. El protagonista va por encima de ello, y logra vencernos, conservando para su intimidad de pareja su futuro entero, sus roces, sus promesas. Podremos ser el público y creer que lo merecemos todo, pero Lost in Translation prefiere a sus personajes y, haciendo uso del libre albedrío del que gozan, pasan por encima de nuestra voracidad.

sábado, 11 de abril de 2020

Una coincidencia entre Kurt y Ociel.


En marzo del 2016 conocí a Ociel Gärtner Restrepo. O mejor: me lo presentaron, porque desde ese primer encuentro, único encuentro entre él y yo, supe que a una persona como él no es posible conocerla, así como no se conoce un país, ni a una montaña. Mi tía Yudi, mi mamá Clarita, mi primo Franco y yo pasamos a Riosucio a saludarlo a él y a su hermano Jaime Darío. Debido al viaje, madrugamos; Franco venía manejando más de cinco horas seguidas y necesitaba descansar. Cuando subimos al segundo piso, Ociel le ofreció una cama. Desde las escaleras yo alcancé a ver (e incluso a presentir) la Biblioteca de este hombre. Ante mi curiosidad, me invitó a pasar. Vi allí un cuarto tapizado en libros, en dvd’s, casetes y figuritas. Vi una máquina de escribir, unas gafas esperando, una radio de los días de la radio. En un extremo, el computador, la impresora y una máscara de carnaval, y encima de todo esto, colgando en la pared, el famoso retrato de Kurt Cobain durante el Mtv Unplugged de Nirvana.

- “Ociel, y este retrato, ¿qué?”, no me aguanté las ganas de preguntar.

Él me respondió sin tener que hacer mucha memoria, como alcanzando una presencia inmediata.

- “Era un cantante que le gustaba a mi hijo y ahí lo dejé”.

El encuentro fue grato y duró hasta pasado el mediodía.
Desde entonces, a cada rato me volvía a emocionar aquella sorpresa que sentí ante el contraste. Lo comenté con Franco, con mi hermano, con otros familiares y algunos amigos.

- “En la biblioteca de un primo de mi mamá, que se sabe de memoria dos mil y punta de poemas, hay un retrato de Kurt Cobain… y no un retrato de escritorio, sino un cuadro grande-grande colgado en la pared”.

Como es de prever, la historia no importaba mucho y la máxima respuesta era una complaciente arqueada de cejas, como siguiéndome el juego de fanático encantado.
Encanto de fanático que me volvió a sorprender, hace poco, en medio de la tristeza, cuando me enteré que Ociel había fallecido el 5 de abril. 

- “…el mismo día de Kurt…”, no me aguanté las ganas de decir.

viernes, 27 de marzo de 2020

Un cuestionario


Insomnio en Aves quiere comprenderse contemplando su reflejo en los ojos de los demás. Para ello nos acercamos a una gran persona, quien, respondiendo a nuestros intereses, nos envió el siguiente cuestionario. Cada uno de los integrantes de la agrupación debía responderlo. En tiempos de cuarentena, en los que no dejo de pensar en lo maravilloso que es vivir en un planeta en el que no cesan de surgir especies, virus y palabras nuevas, quiero presentar el siguiente cuestionario, no a manera de manifiesto, sino para conservar un registro de cómo creo ser hoy. Espero que la piel que recubre esa idea que tengo de mí, sea lo suficientemente porosa y flexible, como para dejar entrar la luz y el aire del exterior.

1. ¿Cuáles son sus preocupaciones?: Lidio tanto con preocupaciones íntimas, relacionadas con mi sentido de la existencia y con el bienestar de la gente a quien amo, como con preocupaciones de un orden más general, tales como el daño que hemos causado al medioambiente o la esclavitud a la que nos someten rancias mitologías de la empresa de la modernidad.

2. ¿Con qué sueño? Me gustaría creer que la pregunta se refiere a mis sueños al dormir, pero supongo que la pregunta va referida a mis anhelos (los cuales son mucho menos interesantes que mis inconscientes episodios oníricos).  En este sentido, actualmente sueño con apropiarme cada vez más de mi cuerpo. Creo que comprender mejor mi cuerpo, me permite ser tan etéreo como potente.

3. Retos y objetivos a corto y medio plazo:
3.1 A corto plazo: Reconectarme con mi cuerpo y proyectarlo en la tarima, en la música y en lo que escribo.
3.2 A medio plazo: Conectarnos con mayor gente por medio de nuestra música. Escribir más y mejores canciones.

4. ¿Es familiar y amigo de sus amigos o es independiente e individualista? Sé comportarme de ambas maneras. Soy social. Mis amistades saben que cuentan conmigo y con todo lo que yo les pueda brindar. También mis familiares (no sólo mis padres y mi hermano, sino además mis primos, primas, tíos y tías). Pero también sé actuar de acuerdo a mis intereses. Trato con respeto y gentileza a todos, pero hay que tener claros los intereses en el momento a la hora de relacionarnos. Es parte de la brújula moral. Aunque tengo el “te amo” muy fácil, porque amo la vida.

5. ¿Le gusta impresionar o es discreto…. No entiendo por qué se infiere que impresionar es una indiscreción…  Me gusta impresionar a través de la claridad y de un modo elegante, y a veces, para ello, es necesario, en un principio, pasar inadvertido; en palabras de Naomi Campbell… “la verdadera persona elegante pasa desapercibida, pero una vez percibida será inolvidable”.

6. Mi estilo vistiendo: Menos es más. Lo que ahora me interesa cultivar es un cuerpo expresivo, ágil, sano, vigoroso. En el momento de comprar ropa pienso más en el corte que en el color o cualquier otra variable. Luego, detallo el tipo de tela. La silueta es la gran búsqueda y el mayor logro.

7.   Cómo describiría un día normal de mi vida: Ningún día es igual al otro, pero hay escenarios comunes, y no porque sean inevitables, sino porque los he preferido: el estudio de mi apartamento, donde tanto escribo y leo; las rutas de bus, el metro, las Universidades, museos, OtraParte, los centros comerciales (Unicentro y San Diego principalmente). He optado por no usar smartphones para atender más mis ideas y aprovechando el hecho de que mi trabajo como profesor no me exige usar este tipo de artefactos. También, por medio de esta renuncia, logro que los días me duren más, estar con quienes de verdad están, y comprender mis emociones de por sí descontroladas. Todos los días tengo un momento en que me alelo: es un modo de ordenar las ideas y de calmarme. En este sentido, antes solía tomarme una cerveza diaria pero he debido dejar este gustoso hábito pues ahora mi interés es hacer del ejercicio y el baile mis ansiolíticos. Disfruto de todos los climas. Procuro dormirme antes de la 1 a.m. Hago siesta.

8.  Todo mi tiempo es libre: el trabajo es amor hecho visible. Soy, además de músico y escritor, profesor y las clases que doy me forman, y las cumplo como un deber, consciente de que la libertad está más relacionada con el cumplimiento de los deberes que con la exigencia de derechos. De repente, en medio de una clase llega una idea, o una manera de resolver un coro, o una palabra sonora, o una esencia de conflicto. La vida es una, y es muy bonita.

9. Mis hobbies: Sexo, escarbar en mi pasado, lolear en centros comerciales, comprar libros que no sé cuándo leeré y ver videos en YouTube.

10. ¿Qué actividades practica? No estoy seguro de haber entendido el sentido de la pregunta. Todo lo anterior: todo lo que sigue.

11. Lugares que frecuento: campus universitarios, la unidad en la que vivo, varios parques de la ciudad, el boulevard de Carlos E. Restrepo, la plazoleta Suramericana, centros comerciales Otraparte, La Pascasia (todo alrededor de las Torres de Bomboná), el MAMM (Ciudad del Río) y el Museo de Antioquia. Común a todos ellos considero los siguientes aspectos: la mayoría no son lugares privados ni privativos, sino que son lugares de cierta manera públicos en donde convergen diversos tipos de personas; son lugares al aire libre y algunos llenos de árboles; se promueve el cultivo del arte y el civismo; se habla, se conversa, se conoce gente nueva. Seguro estoy dejando de ver algunos aspectos que tienen en común.

12.  ¿Qué tipo de gente encuentro en esos lugares que frecuento? Creo que todo tipo de personas. Si pienso en un rango de edad me imagino uno entre los 16 y los 50 años, por considerar uno común a todos. No con todos tengo el gusto de hablar, pero no hay vínculos de trabajo que justifiquen o determinen el encuentro. De tanto vernos, nos saludamos. Luego, por rumores, azares laborales o los medios de comunicación, terminamos sabiendo quiénes son... quiénes somos.

13. ¿A qué tipos de evento asisto? Estoy pendiente de la agenda cultural de todas las Universidades y de los teatros. Me gusta ver en vivo a Mr. Bleat, a Parlantes y a Goes (y a Bajo Tierra y Los Árboles desde que se reunieron). Desde el 2017 estoy más atento a las corporaciones de danza y he frecuentado varios shows promovidos por la UDEA. También voy a exposiciones o lanzamientos de libros. No me pierdo cóctel alguno.

14. Con respecto a la tecnología. No creo que la tecnología sean solo aparatos y ya. La primera tecnología es la palabra. El modo en que usamos y aprovechamos los objetos y los avances, son los verdaderos avances tecnológicos… De este modo, mi relación con la tecnología es sana. La uso de acuerdo a mis necesidades e intereses, no rigiéndome por tendencias. Esto es una decisión luego de muchos años de mal uso.

15. Estoy atento a las tendencias sin seguirlas todas (me nutro de Scientific American, BBC Mundo, el New York Times, además de El Colombiano).

16. ¿Qué tipo de música escucho?
Me gusta estar al tanto de los nuevos lanzamientos y buscar en ellos la inspiración. Me gusta descubrir música del pasado remoto. Indago mucho y eso me lleva a estar atento a todo lo que suena. En el bus, en los restaurantes, en las fiestas, en todo evento, siempre muy atento. También vuelvo siempre a zonas cómodas pero en las que siempre sigo descubriendo algo nuevo: Soda, Queen, Diomedes, Mozart.

17. No veo televisión.
18. Me gusta viajar más de lo que yo mismo creo. No sé hacerlo ni sé moverme con facilidad. Es un punto contradictorio en mí. 
19. Me encantan los animales. Son mi inspiración. Mi fascinación. Creo que lo animal es lo sagrado del hombre.
20. Quiero creer que soy comprometido con el medio ambiente. Pero creo que una persona cuya intención de vida es de verdad el cuidado extremo del medio ambiente y la reducción del consumo, reprobaría muchos hábitos míos. Como carne y uso plástico. Procuro comprar ropa duradera, con marcas comprometidas con el cuidado… pero no sé si esto sea un mero placebo.
21. Apoyo activamente el humanismo y el respeto al otro. Sin ismos ni partidos. Trabajo en mí y creo que eso es bien exigente. Antes de arreglar el mundo, procuro mantener limpio mi cuarto. La idea es no herir, no humillar, no engañar, sino amar la vida: es fundamental para mi labor como profesor.
22. Mi tono comunicativo. ¿? No estoy seguro. La claridad frondosa.
23. ¿Qué cosas digo que me importan? La literatura, la vida y la música. ¿Qué cosas me importan? El dinero y los caballos.
24.  Qué rechazo… qué no me gusta… a qué me opongo… Lo que no me gusta no lo rechazo. Tampoco me opongo a ello. Los comerciantes, mercaderes y publicistas se adueñaron de las diferentes industrias. Pero la música no es solo industria. La música, como la literatura o el cine o el arte, es una actividad fundamental de la civilización. Algo de esta serie de expresiones la abarca la industria. La promueve. Muchos de los productos promovidos por esa industria, me disgustan, pero, igualmente, les presto atención procurando sacar miel de ellos. En general, no me gusta el materialismo ni el positivismo. Son mitologías actuales.

25. Hablo casi siempre de música, de arte, de ideas. También recuerdo a mis amigos muy frecuentemente. Hablo de fiestas del pasado y de fiestas que quisiera vivir. Hablo de lo que estoy viviendo, de mis temores, del futuro.

26. Recomiendo casi siempre libros y canciones. También rutinas para enfrentar el insomnio, como escribir un diario o dormir de tal manera. Recientemente, soy un evangelista del bicarbonato de sodio.

27. Consumo mucho de lo que encuentro en el D1. Más allá de los implementos de aseo, de limpieza, y del hogar, mis marcas elegidas casi siempre son Club Colombia, Converse, Bronzini, Gef, Moft, Seven Seven, Koaj. Hace meses me enamoré de unos tenis de Nike pero me di cuenta que no envejecen tan bien como Converse, y para mí es muy importante que las cosas me duren 3 o 4 años. Si no, me siento mal. También compro muchos libros y discos. Casi no consumo lácteos pero sí muchas frutas. Uso loción. Ninguna en particular: voy probando y variando. En cuanto a instrumentos, tengo un bajo tipo Jazz Bass, de marca Squier, la cual es una versión económica diseñada por Fender. Esta serie de la cual hace parte mi bajo, es una serie del 2006 en que probaron la nave de producción de México, nave que hoy en día produce los instrumentos Fender que nos alcanzan a llegar. Ahorré para comprar otro bajo pero preferí dejar la idea de lado, y enfocarme en valorar este. Es un bajo que fue árbol hace ya muchos años. Su madera ha madurado con mis sonidos y conmigo. Cada tanto le hago mejoras, tanto en su electrónica como en su apariencia. Es pesado pero a mí no me pesa; es grande, pero a mí no me estorba. En cuanto a amplificadores y micrófonos, la búsqueda sigue, aunque Behringer me gusta mucho.

28.  Confío en los productos alimenticios que encuentro en el D1. Me gustan las marcas económicas y duraderas. Creo que son Converse, Bronzini, Gef, Vélez (para lo que duran las botas… son económicas). También me gusta Club Colombia, Golden Lion, los vinos argentinos (en realidad, todos los santos vinos); además, claro está, Fender, Shure, Focusrite, Ashdown.

29. Mi motivador de compra: la necesidad. No es que necesite y luego compre, sino que voy evitando la carencia. También la renovación. El ánimo de coleccionista con los CD’s y los libros (creo que esto delata mis intenciones de tener hijos, así no sepa si los voy a tener. Es algo que me gustaría legar). Soy consumidor pero no consumista. No me gusta tener. Pienso más en hacer.

sábado, 29 de febrero de 2020

Hábito: observar la mente.


Se formó (formé) en mi mente un pensamiento absurdo e irracional. Lo agarré con la conciencia, con mi ánimo de raciocinio, y lo diseccioné. Este se enarbolaba a partir de lo siguiente: estoy dictando una materia que yo mismo cursé en el año 2011. La estoy dictando un año y medio después de haber empezado a dar clases. Cuando la cursé me faltaba un año y medio para graduarme. Esta equivalencia de medidas me hizo pensar que si empezaba a contar hacia atrás, sabría hasta cuando estaría dictando materias en un futuro. Iba a hacer la cuenta y me detuve: observé. “¿Con qué sentido hago esto? ¿De dónde deriva esta idea irracional?”, me pregunté.
La respuesta fue inmediata, casi sin letras ni palabras: “incertidumbre”; y sí: este es un método para hacerme comprender qué días estoy viviendo desde una abstracción, una idea imaginaria. Es un análisis mental haciéndose pasar por observación rigurosa. Es querer equiparar para comprender, en vez de mirarme directamente, comprender mi temor y mi desorientación con respecto a los tiempos que estoy viviendo. Saber que los años, los días, los minutos no se repiten. Que soy responsable de los escenarios personales futuros. El tiempo es constante, un éxtasis incesante que no pasa: el único sistema permanente es la transformación, y de ahí surgen todas estas ideas, todos estos intentos en busca de una creencia dónde reposar, todos estos cálculos mediante los cuales quiero comprender el inasible presente.

domingo, 23 de febrero de 2020

Dos ideas de turista.



*
Hay quien califica de "basura" a ciertos objetos. 
Esos objetos están ahí porque de alguna manera han sido proporcionados por la naturaleza. Nosotros, o mejor, algunos escasos miembros de la crecida comunidad que somos como especie, han sabido extraerla, transformarla.
Todo objeto contiene energía. Todo objeto es natural. Una bolsa de plástico dentro del estómago de una ballena. Una bala en el fondo de un río. La lata que hemos dejado vacía.
No existe lo inerte: tal vez sí lo tóxico (en ciertos contextos). Sin embargo todo está en perpetuo cambio, en continuo movimiento, por imperceptible que sea.
Ahora mismo, dos átomos se están rozando cerca de tu oído izquierdo.
Sé que algún día nos cansaremos de tantos objetos.
El planeta no está hecho para ser un archivo ni una bodega.
La materia prima usada para crear un libro, un disco, un carro nos parecerá un derroche. Un abandono. Además, nos daremos cuenta de todo el peso y el espacio que ocupan.  
Una moneda de 1991, la camiseta que ya ni de pijama sirve.
Todo se encuentra en ese lugar mágico que ahora nosotros, los primitivos del siglo XXI, llamamos basureros.  La silla vieja de un avión. Un motor de moto. El paquete de aquel condón que usaste.
El envase del esmalte que usaba tu abuela. Todos los cepillos de dientes de todas las personas que te han gustado a lo largo de toda tu vida.  Somos una especie cometa, dejando una estela de objetos detrás de nosotros.  La energía de los muertos sigue ahí, abandonada, quieta entre la brisa densa de los basureros.
Creo que algún día seremos más ligeros; más cercanos a escribir en la arena y en el aire, que a grabar huellas en la piedra. Quisiera poder ver cómo seremos en cinco mil años.

*
Estoy acostumbrado a vagar en los centros comerciales. Allí cada entorno está cuidado, protegido, utilizado. Se trata de crear experiencias para los usuarios.
Esta costumbre estructuró mi pensamiento.
En la calle, o mejor, en la intemperie no es así. La ciudad es una dimensión que depende de las horas. El clima, por ejemplo, no es un desarrollo, ni una experiencia creada. Es una forma de la naturaleza. Pensando de este modo, cuando viajo, me siento en casa. Visitando diversos lugares de un mismo cuerpo: algunos son cálidos, algunos extremadamente fríos.
La idea es saber estar en casa al encontrarnos en la intemperie.