lunes, 2 de agosto de 2010

Danza del Hada Confetto



Danza del Hada Confetto
Por: Juan Sebastián Fernández Gärtner
Durante: http://www.youtube.com/watch?v=mLFsd1GSnf4

¿Podrán comprender mi brevedad?
No sé por qué prometí jamás rendirme, tal vez porque no sabía que la tentación llegaría cuando aceptara el compromiso.

La gran roja-roja de a salticos va saliendo; seguí el conducto regular-diagonal con el que el trazo tiene efecto de desangre; supe delinear el camino de apertura, supe ser trágico, dramático y artístico durante el beso de la gran luz negra-negra. ¿Qué tan frías pueden estar tus manos mientras tu mancha escarlata garantiza el escándalo?

Esta mañana desperté sin un ideal, siempre fui adulto de tareas ingenuas, pero creo que con ésta he superado un límite personal; sólo fue el resultado de la suma de mal ánimo, con algo de frustración amorosa, más el efecto sell sell sell y una cucharada grande de ineptitud aceptada. Mi vida era herramienta operativa de alguno más vivaz que yo, quien supo cómo oprimirla, controlarla y destinarla, buscando mi conformidad a partir de la resignación, evitando mi análisis con la fácil supresión de la santidad. Creo que hubiera preferido seguir el camino de la disciplina espiritual, tal vez una educación trascendental búdica, pero pocas vidas son conducidas por preferencias, pero en cambio rebosan la adivinanza el número de existencias programadas.

Hoy simplemente me desperté, pero como un sonido lejano, quejumbroso, un recuerdo me acusaba de incapaz. Un amigo retratista me regaló una de sus obras, en la que una mirada lo suficientemente tierna como para ser fatal, parecía retarme a la imaginación. La perfección se ofrecía como fantasía, pero nunca tuve tiempo para desearla lo suficiente; nunca excepto hoy, momento ideal para mirar el mensaje completo que estuvo oculto en los ojos de un retrato de existencia paralela a la hermosa retratada.
Comprendí que siempre desee vivir, y como muchos jóvenes del momento, lo anhelé pero suprimiendo todo lo que exige serlo. En otras palabras, prioricé el poder de ser reconocido, y dejé para después la vida como sacrificio mismo. Solamente lo deseaba, nunca tuve la voluntad de crear más allá de lo necesario, de romper la inercia, y, como ocurrió esta mañana, dejar que la vida me afectara desde lo íntimo, desde la caricia de la adulación susurrada.

El dolor como parte del juego. Los trazos fueron granos de cristal derramándose sobre suaves hojas de un árbol anciano. Momentos visibles, momentos no programados.
Mi sangre dulce, la gran roja-roja serenísima Hada Confetto, empezó a danzar fuera de su torrente, de modos delicados, modelos de coordinación sin coreografía. Simplemente bailaba sin ánimos de impresionar; bailaba con un sonido diminuto, apasionadamente.

Caí al piso como gota pesada, y desde aquí sentí la necesidad de mi relato. Los recuerdos son tan opacos como las tiernas motivaciones con las que dejé vacilar mi falta de años. No presté suficiente atención a los detalles, sino que me dejé llevar por todo lo gigantescamente enigmático. Es valioso poder referirme a mi vida en pasado, poder sentir la cadencia de mi existencia, un indicio de eternidad que endulza mi estado desde una extraña emoción que fluye sin sangre.
¿Podrán comprender mi brevedad?
Es tan oscuro que resulta increíble saber que tengo los ojos abiertos.

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