viernes, 24 de febrero de 2012

Los psicólogos tienen mucha imaginación...


...además de ser convincentes... Un hippie se acerca dulcemente arrogante y le incrimina: ¡Ingenuo que pretendes entender a tus hermanos! El psicólogo emocionalmente estable toma el arma y le dispara con certificados y bolígrafos dejando en cada uno, una respuesta y una razón. La lengua del hippie lame el silencio. El psicólogo es capturado. Lo llevan a la biblioteca más decente y entre amigos le juzgan. Algunos son abiertos orientalistas que suelen anular todo rasgo del espíritu occidental, sublimando por encima de cualquier manifestación europea o americana, algún plato de comida minimalista japonesa que resuma en su esencia todos los misterios mentales que ignoramos por nuestra torpeza ultra continental. Parece que le declararán culpable pero en último momento el psicólogo advierte sobre las enormes condiciones que indican que el hippie era víctima de un Edipo humeante; por tal, el acto cometido no debería considerarse criminal sino salvífico: salvó a un alma.
Todos aplauden con sus largas manos de dedos cortos y resuenan los anillos con comodidad. Las encargadas del aseo de la biblioteca escuchan el palmoteo a lo lejos, pero se asustan porque saben que es el fantasma de la mitológica ardilla que se masturba con las viejas revistas de Alvin.

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