martes, 19 de junio de 2012

Helado sabor aguacero



Los modernistas se refugiaban en el campo porque la naturaleza representaba fortaleza y eternidad. Ahora, por todo lo que significa el cambio climático, incluyendo las teorías que le tildan de farsa mediática instituida por logias secretas en virtud de la instauración de un nuevo orden mundial, cuando voy al campo o visito frondosos senderos naturales, me siento visitando a una enferma terminal por la cual nada puedo hacer. Me compadezco de ella y por extensión de mí, porque soy su dependiente y porque su enfermedad me hace vulnerable, me somete a bajonazos constantes, uno tras otro, frente al televisor, frente a los ríos, frente a un paisaje de fábricas humeantes que colorean la neblina. 
Irónicamente, lo favorable de esta condición es que la voluntad suicida del humano contemporáneo se puede negociar, porque muchos de ellos buscan un sentido de vida, ruegan por una ruta, por algo que los guíe; creo que estos mil tiempos que ahora vivimos permiten que el cuidado y la preservación del medio ambiente sean, más que un sentido de vida, un destino donde los sentimientos se pueden regenerar. 
Estúpidamente, hay quienes consideran con vigor antihumano que la culpa es la sobre población, pero yo, de modo contrario, considero que nunca seremos demasiados hombres y que lo que falla es la manera como se organizan las sociedades y como lidiamos con los intereses nocivos que circundan las buenas intenciones, innatas en cada ser. Siendo como somos, comportándonos como nos comportamos, así seamos tan sólo un millón de personas en la tierra, ese millón estará causando un daño similar o peor al que actualmente causamos siete miles de millones.

Todo pende del ritmo, del equilibrio y la naturalidad de los movimientos. El derroche es una vulgar apariencia, una vana muestra de ilusión de poder y autoridad. Un áspero y sucio muro detrás de un sedoso telón. La sencillez es un fundamento que se argumenta por sí mismo, como las formas estables presentes en la naturaleza: burbujas, hojas, plumas. Cada existencia evoluciona según la armonía y ordenamiento presentes en su razón de ser. No sé si tenga algo que ver con la biomecánica…

2 comentarios:

  1. O depronto, la naturaleza sigue representando fortaleza y eternidad, no en su conjunto sino en sus particularidades, tal vez porque antes el desconocimiento de la fenomenología de la naturaleza creaba esa sensación de estar absortos frente a su inmensidad, pero ahora nos abrumamos en la belleza de lo que muchas veces pasamos por alto y que por pequeño que sea puede convertirse en nuestra razón de vivir.

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    1. Creo entenderte y estar de acuerdo con lo que planteas. Si bien la ciencia nos ha permitido conocer de mejor manera las dinámicas de la naturaleza, el humano se conserva en el misterio. Hay una búsqueda de sí mismo, ya no sólo en todo lo que conforma el universo, sino también dentro del individuo, incluyendo aquello que inicialmente se obvia y luego se reconoce como un símbolo significativo del espíritu o del inconsciente.
      Un saludo :)

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