miércoles, 10 de mayo de 2017

4 reflexiones


Si bien no todo te cae del cielo, el cielo sí te brinda algo, y tan importante es saber construir y trabajar, labrar con esfuerzo, como saber asimilar eso que nos cae del cielo, nombrarlo, aprovecharlo. Y más si se tienen ambiciones y pretensiones artísticas.
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Hay momentos en que nuestras creencias más arraigadas nos hacen daño y nos lastiman: nos incomodan hasta desequilibrarnos, granularnos, minimizarnos. Establecimos nuestros juicios y creencias desde una posición pero, no sé por qué, la vida nos pone y más rápido de lo esperado, al otro lado de ese juicio, como detrás de una pantalla de agua en la que nos vemos a nosotros mismos, más jóvenes y severos, juzgando y calificando esta posición en la que ahora estamos, casi como si con esa decisión de opinar como tirando dardos al otro lado, nos hubiéramos condenado a recibirlos cuando empezaran a caer en ese suelo que alguna vez creímos imposible de habitar y ajeno. La ingenuidad se renueva y a quienes en algún momento consideramos ingenuos, tal vez eran más fuertes e idealistas de lo que pudimos creer en el momento. Y del otro lado en el que resultamos estar no es que seamos víctimas inocentes de nuestras creencias del pasado: se nos antoja juzgar y respondernos a ese yo de hace unos cuantos años con opiniones aún más arrogantes. Pero saliéndose de esta mesa de ping pong notamos cuán egoístas podemos ser erigiendo creencias sin empatía, reducidos-a-una-reducida capacidad de comprensión, siendo piedras de río, ideólogos y justificadores de nuestros más enajenadores caprichos. Tal vez todas esas actitudes civiles y benevolentes que a veces tenemos con el otro, debiéramos aplicarlas también a un proceso intra personal.
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Creo que la estupidez es propia de conductas mas no de personas. Por tanto no creo en personas estúpidas pero sí en actitudes y conductas estúpidas que tal vez están muy arraigadas en sus personalidades y se han convertido en malos hábitos. Se me antojaría decir que hay estupideces peligrosas y otras benignas. Las benignas se pueden tornar nocivas pero tal vez no todo lo nocivo es peligroso. La estupidez como un fracaso inconsecuente es triste y desmotiva, pero la estupidez heroica que arrastra consigo fuertes consecuencias, es realmente nociva. El hacer daño al otro de manera intencional y consciente, reducir nuestras facultades, sentirse constantemente a salvo y en riesgo: estupidez.  No se trata de algo intelectual: se pueden crear hermosos poemas con mala ortografía, se puede entender la física cuántica desde la ignorancia (¿intuición?); y procuro no moralizar en mi intento por lograr una definición personal de la estupidez, pero creo que todo acto malo es estúpido en tanto es resultado del aturdimiento, de la miopía, de deshidratar los juicos en lo gregario, de confundir al campesino con el guerrillero, a la fiera con la mascota. Sigo pensando…  
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Ramón Maya fue profesor mío en el 2010. En aquellos días me dijo que le sorprendía notar cómo los niños ahora, cuando se reunían a jugar fútbol, ya estaban uniformados y establecían posiciones fijas de defensa, delantero, medio campista, y un etcétera que indican haberse formado en conocimientos técnicos en pro de una mayor capacidad de organización y competencia. Decía esto y lo comparaba con la manera como jugaba él en sus días: un modo más instintivo y orgánico, sin otra meta que disfrutar haciendo goles. Bien… genero relaciones con la banda, con la manera como “hacemos música”… con esas presiones que como banda vivimos ahora… tal vez el éxito de los Beach Boys fue crear como jugaban fútbol los niños en esos días. 

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